16/5/11

Cuestión de piel

- Ley de Registro de Población: clasifica a todos los sudafricanos por razas, siendo el color el criterio decisivo.

Para entender por qué alguien toma una decisión y no otra, para comprender las razones por las que una persona elije un camino y no otro, siempre es imprescindible ponerse en contexto. En 1948 el National Party ganó las elecciones generales blancas en Sudáfrica. Estaba liderado por el doctor Daniel Malan, quien centró su campaña haciendo hincapié en el swart gevaar (peligro negro). En las elecciones se impuso por sobre al United Party, el partido gobernante en ese entonces. Fue un triunfo de los afrikáner por sobre sus antecesores ingleses, hasta allí los principales dominadores de la Sudáfrica de aquellos años. Fue la primera vez en la historia en que el gobierno quedó en manos de un partido exclusivamente afrikáner. La declaración formal de principios políticos que alentaba el partido nacionalista fue conocida como apartheid (segregación). El inglés pasó a ser el segundo idioma, como era lógico si uno tenía en cuenta cuál era el lema del nuevo régimen: “Eie volk, eie taal, eie land” (Nuestra gente, nuestra lengua, nuestra tierra).

- Ley de Servicios Públicos Separados: fuerza la separación del espacio de uso de los servicios públicos, destinándose áreas reservadas a los blancos y otras para los no blancos.

“Yo simpatizaba con la corriente extremista y revolucionaria del nacionalismo africano (su lema era “África para los africanos”). Estaba furioso con el hombre blanco, no con el racismo. Aunque no estaba preparado para echar al mar al hombre blanco, me habría hecho tremendamente feliz que hubiese subido a sus naves y abandonado el continente por su propia voluntad”. Son palabras de un joven Mandela, en esa época integrante de la Liga de la Juventud del CNA (Congreso Nacional Africano), que comenzaba a dar sus primeros pasos en política. Sus inicios nos mostraban a un muchacho rebelde, que no iba exclusivamente en contra de los ataques raciales del gobierno blanco, sino que buscaba defender más que todo a los que consideraba su raza, a los africanos. Se había criado de acuerdo a las costumbres tribales de su gente y su pensamiento era – en un primer momento – acotado.

- Ley de Inmoralidad: considera ilegales las relaciones sexuales entre blancos y personas de otras razas.

Hablamos de retroalimentación, cuando se instaura el odio sólo se debe esperar más de lo mismo. La historia de Mandela es admirable en varios sentidos, para mi uno de los más trascendentes es su capacidad de reconocer que había elegido el camino equivocado – con todo lo que significa hacerse cargo – para luego enderezar el rumbo. No nos podemos dar el lujo de esperar que todos sean Mandela. No sería recomendable pensar que sólo con el paso de los años, cada uno encontrará los medios para dilucidar que, por ejemplo, discriminar está mal. Por eso la clave es alimentar, pensando esta acción a través de sus sinónimos: fomentar el amor por la educación, nutrir el deseo por enriquecer nuestros conocimientos, suministrar las herramientas que nos permitan desarrollarnos.

- Ley de Áreas de Grupo: estipula la existencia de zonas separadas en las ciudades para cada grupo étnico.

La ignorancia y la desigualdad presuponen un riesgo doble: los más necesitados crecen acumulando bronca contra los que tienen lo que yo no puedo tener, mientras que las clases altas tienden a aislarse en pos de resguardar lo que aquellos otros me quieren sacar. Además de lo importante de la educación, creo que también es fundamental trabajar en la integración. Tanto del excluido como del que excluye. Desarrollar la convivencia tendrá como resultado más posibilidades para los que no las tienen y significará al mismo tiempo un descenso en el nivel de miedo generalizado. Bien vale como ejemplo lo que es capaz de generar el deporte, particularmente el fútbol: adentro de una cancha no existen las clases sociales, nadie repara en el color de la piel del que hizo el gol antes de ir a abrazarlo.



- Ley de Nativos: conocida como Ley de Pase, prohíbe a los sudafricanos negros el desplazamiento desde las zonas rurales a las ciudades.

La carencia actúa como un límite. Si miramos el mapa de las grandes ciudades, podremos advertir que en muchas ocasiones en los alrededores de los barrios más pudientes se sitúan las villas de emergencia. El denominador común en ambos territorios es la exclusividad: de un lado están sólo los que no tienen nada y del otro se encuentran únicamente los que pueden pagar la entrada. En la práctica son como dos países limítrofes en los que hay que cumplir determinados requisitos para poder cruzar la frontera. Desde hace tiempo me vengo preguntando cuál es el sentido de que el mundo esté dividido cual rompecabezas. Entiendo que es necesario desde lo organizacional, de otro modo sería muy complicado administrar el territorio. Pero no acepto que sea necesario pedir permiso (y que te lo concedan) para poder ingresar a otro país. Sueño con un futuro en el que las líneas divisorias de cada nación no sean más que la transición hacia una cultura diferente.

“La lucha es mi vida. Seguiré luchando por la libertad hasta el fin de mis días.” Nelson Mandela (1961)

11/4/11

Verde locura

El movimiento mecánico del brazo derecho es casi automático, antes de que las retinas reciban el primer destello de luz, el pulgar derecho busca de memoria el botón indicado del control remoto y el televisor se enciende. Es domingo, minutos después de las tres de la tarde, aunque por unos instantes el desconcierto que nos invade a todos al despertar me obliga a hacer un esfuerzo y chequear por segunda vez la hora en el despertador. Enseguida me vuelvo hacia la pantalla y los canales se suceden hasta llegar a los deportivos. En ESPN está a punto de comenzar la última jornada del Masters de Augusta – el torneo de golf más importante de la temporada – y un pequeño recuadro anuncia que Ángel Cabrera comenzará a jugar a las 15:40, hora de nuestro país. Para mi posterior sorpresa no cambio de canal, me levanto, me lavo la cara, me hago un café con leche y me siento frente a la tele a ver golf. Sí, golf.

Fueron más de cuatro horas durante las que palabras como putt, bogey o águila se escuchaban constantemente y en las que conocí a jugadores como Geoff Ogilvy y Adam Scott, entre otros. Me metí rápido en el personaje y – mientras seguía las acciones en el televisor – me dediqué a contar lo que pasaba vía twitter. Como si fuese el más experto periodista de golf, escribía comentarios como este: “@Santi_Gonzalez: Tremendo putt largo del Pato en el hoyo 4, aseguró el par y sigue -8. Tiger hizo águila en el 8, se puso -10 y lo festejó de lo lindo”. Sin la posibilidad de disfrutar de la imagen en HD por carecer de la tecnología necesaria y aprendiendo de lo que otros opinaban, también en 140 caracteres, el tiempo transcurría sin que se produzca desmedro alguno en mi nivel de atención. Hay que reconocer que la televisación del evento es fantástica, aprovechando los intervalos que se producen en el juego de cada participante – ya sea porque se trasladan de un lado a otro del campo o porque están aguardando su turno – uno tiene la posibilidad de ver en vivo lo que está haciendo cada uno de los que pelean arriba. Cambié de canal un par de veces aprovechando las pausas y así me encontré – casualmente – con el gol que Valeri le hizo a Boca. Pero no estaba interesado en ver fútbol.

Como leía esta mañana en El País, la jornada del domingo fue “una película de suspenso digna del mejor guión de Alfred Hitchcock”. Rory McIlroy, el joven de 21 años que había llegado al último día como líder y con cuatro golpes de ventaja sobre sus escoltas, no tuvo un buen desenlace y luego de un triple bogey en el hoyo 10 se despidió de la pelea por el título. Es probable que la presión le haya jugado una mala pasada como comentaban los expertos, la cuestión es que la debacle del irlandés le abrió la puerta a un nutrido grupo de competidores en la lucha por calzarse el saco verde. Diez nombres desfilaron por la punta a lo largo de una tarde inolvidable que fue derechito a parar a la historia grande del certamen. Acá van un par de tweets como ejemplo de lo cambiante que era el marcador: “@Santi_Gonzalez: Ogilvy está encendido, cinco birdies al hilo en 12-16 para subirse a la punta con -10” y un par de minutos después “@Santi_Gonzalez: Adam Scott quiere ser el primer australiano en ganar Augusta. Está puntero con -11 después del birdie en el 14”. Impredecible, vibrante.


En Buenos Aires caía la noche y con ella se acercaba el momento del desenlace allá en el estado de Georgia. Tiger Woods arrancó el día a siete golpes del puntero, tuvo un gran desempeño en la ida para llegar a ponerse -10 bajo el par de la cancha, lo que hizo ilusionar a sus fanáticos, pero se quedó sin nafta en el final y terminó cuarto y a cuatro del campeón. Sus 67 golpes del día fueron, sin embargo, su mejor marca para un domingo en el Masters. Ángel Cabrera se mantuvo expectante durante toda la tarde. Hizo birdie en el 15 y así llegó a -10, lo que lo dejaba a dos golpes del líder a esa altura. Era el momento de demostrar para qué estaba, pero un bogey en el hoyo siguiente lo dejó sin chances. Terminó con doble par, en el séptimo puesto con -9 y redondeando una buena actuación. Los australianos Adam Scott y Jason Day tuvieron un gran cierre y finalizaron como escoltas a dos golpes del vencedor. El saco verde fue para el sudafricano Charl Schwartzel que totalizó 274 (-14) para consagrarse por primera vez en un major. Con 5 birdies – cuatro en los últimos cuatro hoyos – y un águila fenomenal en el 3, logró recortar los cuatro golpes de más que tenía al comenzar la jornada y cerró con un gran putt que significó un título.

Para mí fue un domingo distinto, en el que pude confirmar – una vez más – que los grandes eventos deportivos cautivan mi atención y me invitan a vivirlos sin despegarme un segundo de la pantalla. El año pasado había seguido atentamente el desenlace de la consagración de Mickelson. Este sábado, mientras hacía zapping, vi como el Pato Cabrera terminaba segundo el tercer día de competencia, lo que le iba a permitir jugar el domingo junto al líder. Ayer me desperté casualmente en el momento que comenzaba la jornada y pude disfrutar de una tarde con el mejor golf del planeta. Pablo Fábregas, productor de Metro y Medio, dejó este comentario en su twitter cuando promediaba la tarde: “@pablitofabregas: Mirando golf y pasándola bien. Mañana voy a buscar los papeles para la jubilación”. Somos unos cuantos los que ésta mañana nos podríamos haber cruzado en la cola para iniciar el trámite.

30/3/11

Estilo catalán

“Disfrutar del fútbol para el público y también para los jugadores. El fútbol es espectáculo; si no, no es fútbol”. Johan Cruyff

Mucho se habla de lo bien que trata el balón cuando tiene la posesión (algo que pasa durante la mayor parte del tiempo), pero también es para admirar el trabajo que realizan todos sus futbolistas por recuperarlo lo antes posible cuando lo pierden: el buen toque nos llena los ojos, pero una presión asfixiante en campo rival es lo que da inicio a cada ataque. Cuando está en una mala tarde, tiene la pelota y genera situaciones de gol. Cuando juega bien – algo que sucede muy a menudo – te pinta la cara. El fútbol es un deporte altamente azaroso, sin embargo este equipo ha logrado cuestionar dicha afirmación. Hay quienes me han dicho que ver los partidos es predecible, y hasta aburrido, porque gana (casi) siempre y en muchas ocasiones por goleada. Juega a otra cosa: la circulación de pelota y la rotación constante de sus protagonistas – las dos condiciones/virtudes fundamentales de este conjunto – suelen dejar en ridículo al más amalgamado sistema defensivo.

El once de lujo, como suelen decir en España, sale de memoria: Valdés, Alves, Piqué, Puyol, Abidal, Xavi, Busquets, Iniesta, Pedro, Messi y Villa. La columna vertebral de sus nacionales son la piedra fundamental de la selección española que ganó la Copa del Mundo en Sudáfrica. No tiene nombres complementarios, todos se destacan en una plantilla plagada de estrellas. Se nutre constantemente de los jóvenes provenientes de La Masía, la fábrica de fútbol que se encarga de sacarle el brillo a sus diamantes en bruto. Y cuando compra lo hace selectivamente, con el objetivo de potenciar lo que ya tiene.

Para los amantes de las estadísticas, aquí van un par de números de este equipo: en el ciclo Guardiola ganó 8 títulos en dos temporadas (2 Ligas, 1 Copa del Rey, 2 Supercopas de España, 1 Champions League, 1 Supercopa de Europa y 1 Mundial de Clubes); en la temporada actual está vivo en las tres competencias que disputa (puntero en Liga, en cuartos de Champions y finalista en Copa del Rey), habiendo jugado 45 partidos, de los que ganó 35, empató 7 y perdió 3; lleva convertidos 121 goles y recibió sólo 26.

El primer año (2009) fue el de la explosión, ganó todo lo que podía ganar, culminando con el pechazo de Messi en la final de Dubai. El año siguiente cayó en semis de Champions frente a un Inter que logró doblegarlo, mientras que en la Liga logró el bicampeonato con el record de 99 puntos. Esta temporada parece haber sido de alguna manera una consolidación, a pesar de que todavía no ha finalizado, el mundo del fútbol se rinde a los pies de este equipo y ya muchos lo consideran el mejor de la historia. Para mi acumula méritos para semejante distinción, por un lado los títulos cosechados dan cuenta del poderío desde lo estadístico, pero eso no es lo más importante, el mayor logro pasa por el nivel futbolístico que muestra en cada encuentro. Es un placer verlo jugar.


En el timón de esta embarcación está Josep Guardiola, hombre de la casa, que llegó al primer equipo luego de un paso por el filial. Pep, como se lo conoce desde que usaba la camiseta número 4 del conjunto blaugrana, encarna la esencia del fútbol culé. Con una clara ascendencia en la filosofía de juego de Johan Cruyff, ha sido capaz de extraer el mejor rendimiento de cada integrante del plantel. Utiliza un sistema táctico con tres delanteros que hacen de la rotación su mejor arma, Pedro y Villa son los extremos y Messi es el delantero centro. Guardiola reinventó a Leo cuando decidió comenzar a utilizarlo como falso nueve y mal no le ha ido: desde que hace un año, el mejor jugador del momento dejó la banda derecha del ataque para situarse entre los centrales y los medios, ha convertido 60 veces, mostrando su cara más goleadora. La Pulga se siente feliz jugando en esta nueva posición, en la que se encuentra más cerca de Xavi e Iniesta, los dos cerebros del mediocampo y que, con el argentino, completan el trío lujoso de este equipo. Párrafo aparte para dos de mis preferidos en la plantilla: Dani Alves, un lateral derecho irrepetible, posee un ida y vuelta constante y es la quintaesencia del 4 brasilero, fundamental tanto en defensa como en ataque; y Sergio Busquets, el 5 inteligente, el hombre que mantiene el equilibrio en el centro del campo y lo hace sin recurrir sistemáticamente al juego brusco, sino a través de su enorme capacidad para entender el juego: “Trato de pensar antes de tener la pelota para encontrar soluciones”, declara mostrando credenciales.

Elegí dos partidos que para mí exhiben lo que es este equipo. El primero muestra lo que es capaz de producir en sus rivales: en la vuelta por los octavos de la Champions venció por 3-1 a Arsenal en el Camp Nou, ese día el conjunto inglés se traicionó a sí mismo y, después de haber ganado como local, salió a defenderse sin la pelota, lo cual es casi lo mismo que haberse entregado. El segundo es el mayor baile futbolístico que yo haya visto: el 29 de Noviembre de 2010, Real Madrid se llevó un 5-0 en contra de su visita a Cataluña, luego de haber sido borrado de la cancha durante los 90 minutos. Esa noche el equipo de Mourinho llegaba como una peligrosa amenaza al Camp Nou, pero se fue con las manos vacías y ridiculizado por su clásico rival. El primer ejemplo expone a un entrenador como Wenger (Arsenal), que vio tambalear sus convicciones a tal punto que le pidió a su equipo que se olvide de lo que mejor sabe hacer – tener la pelota y atacar – para intentar un planteo conservador que nunca utiliza. El segundo ejemplo fue – simplemente – una demostración de fútbol en su máxima expresión, nada menos que ante un rival con la jerarquía del Madrid, que no pudo oponer resistencia alguna.

Esa frase de Cruyff, extraída de su libro “Me gusta el fútbol”, es casi una declaración de principios para este equipo: juega al fútbol porque está en su ADN y porque sus jugadores no entienden otro idioma. Este artículo es un pequeño homenaje a la contemporaneidad de un plantel que quedará en la historia. Sin misterios, pero sin nombrarlo, he intentado repasar y reivindicar estos últimos años de uno de los grandes de España. Quizá dentro de un par de meses – cuando finalice la temporada actual – ningún trofeo tenga impreso su nombre, sin embargo creo que a esta altura nadie pone en duda que si hablamos de fútbol, estamos hablando del Barça.

23/2/11

Fin del recorrido

“Un hombre se prueba la sombra que otro hombre abandona. Habla, ensaya los gestos del malentendido y camina en sus pasos, los pasos de todos los hombres.” Extranjero, de Nicolás Dorado.

Extranjero es sinónimo de extraño, desconocido, forastero, exótico, ajeno. Para sentirse extranjero no hace falta viajar a otro país. Uno puede experimentar sentimientos afines hasta en su propia casa, hasta en su propia cama. Creo que alguna vez todos lo fuimos, todos los somos. Hoy les quiero contar la historia de alguien que se volvió un extranjero de su propio cuerpo. Se llama Carlos Santos y es – paradójicamente – guía turístico. Hace un año le descubrieron un tumor incurable que lo iba a condenar a morir sufriendo. El decidió ganarle de mano a su propia enfermedad. Hace poco más de dos meses murió dormido en la habitación de un hotel, luego de haber tomado un cóctel letal. Vivir y dejar morir.

Eutanasia: 1. Acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él.
2. Muerte sin sufrimiento físico.


Las dos definiciones aportan datos interesantes. La primera nos brinda la información necesaria para saber de qué hablamos cuando hablamos de eutanasia. La segunda es clara y precisa, habla de evitar el sufrimiento. Ahora, la pregunta que me surge es: ¿por qué es tan difícil hablar del tema? Nacemos, crecemos y vivimos adoptando antiguos preceptos de lo que en algún momento se creyó lo correcto. Y matarse parece que está mal, o estaba al menos. El principal obstáculo que se nos presenta cuando nos proponemos discutir estas cuestiones aparentemente polémicas es la huella imborrable del pasado. Pues bien, basta de eso. Despojémonos de prejuicios y empecemos a pensar en base a nuestra experiencia, pero sin dejarnos influenciar por las creencias históricas. No hacerlo podría volvernos obsoletos.


Ortodoxo: Conforme con doctrinas o prácticas generalmente aceptadas.

Me gusta el final de la definición citada más arriba: generalmente aceptadas. A veces lo necesario es actuar y razonar de forma heterodoxa. No siempre lo políticamente correcto es la única opción válida, ni la mejor. Debemos aprender que cada uno es libre de elegir que camino seguir en su vida, mientras tanto no perjudique a los demás. Y acá es imprescindible abrir un paréntesis: somos egoístas en el momento de elegir. Y está bien. Vivimos en sociedad y no podemos dejar de pensar en los otros ante una toma de decisión. Sobretodo en la gente que queremos, en que ellos no sufran a causa de nuestras elecciones. Pero hay un punto en el que es inevitable que alguien se sienta dolido por una decisión ajena. Y es ahí en donde se vuelve imprescindible una dosis de egoísmo.


Cuando se conoce la noticia de un suicidio, el comentario que generalmente la acompaña es más o menos así: “no fuimos capaces de ver que estaba mal, no logramos ayudarlo a tiempo”. ¿Acaso a nadie se le ocurrió que quizá esa persona no quería que la ayuden? Por más doloroso y contradictorio que suene: ¿está mal pensar que alguien pueda creer que lo mejor para su vida es la muerte? ¿Es muy disparatado pensar que fue una elección que no estuvo regida por la depresión o la tristeza? La definición de suicidarse es: quitarse voluntariamente la vida. ¿Adónde está lo indigno?

Hace un tiempo leí por ahí la frase siguiente: respirar es necesario para vivir pero no es el objetivo de la vida. Más allá de la obviedad que conlleva la reflexión, me permito hacer una pregunta: ¿y cuál es el objetivo? Creo que cada uno debe hacerse cargo de responderse la pregunta, de definir sus propios objetivos. Ahora: ¿qué pasaría si se nos agotan los objetivos? ¿Es posible creer que uno ya cumplió todas sus metas?

Al momento de morir, Santos no tenía ni familiares ni herederos. Un análisis facilista podría sugerir que la razón por la cual decidió no seguir viviendo es que estaba solo. Nada de eso. Carlos amó tanto la vida, que no poder seguir disfrutándola lo hizo tomar una decisión drástica. Cuando le descubrieron la enfermedad le dijeron: "Señor Santos, haga usted testamento vital porque le quedan meses, esto no tiene cura, no hay solución, no hay nada". Pensó en viajar a Estados Unidos, comprar un arma y pegarse un tiro. Su vida ya no era más su vida: “privaciones, privaciones y privaciones”. Pero siempre se consideró un hombre pacífico, ajeno a la violencia. Fue por ello que buscó otra alternativa y así dio con la gente de Derecho a Morir Dignamente, una asociación sin fines de lucro que se dedica a brindar asistencia a personas en su situación. Ellos lo ayudaron a cumplir con su voluntad.

El de Carlos Santos es un caso extremo. Este análisis, disparado a raíz de su historia, es más bien una búsqueda: desentrañar qué lleva a un ser humano a tomar semejante determinación y si existen razones que no tengan su origen en la carencia (de afecto, de compañía, etc.). Partiendo de la base de que no somos todos iguales. Que lo que para mi está bien, para muchos otros puede no estarlo y viceversa. Hay tantas formas de vivir la vida como personas para vivirla. La Iglesia nos ha hecho creer que después de la muerte existen el paraíso y el infierno. Lejos estoy de pensar que es así, pero me permito plantear el siguiente interrogante: ¿y si mi deseo es saber qué viene una vez que el corazón deja de latir?

Mi respuesta ante la decisión de alguien de quitarse la vida siempre ha sido el respeto. El respeto por el prójimo y al mismo tiempo por la decisión. También suele invadirme la curiosidad, quiero saber cuáles fueron las razones (si las hubo) para tomar tal o cual determinación. No con la intención de juzgar, sino por el simple hecho de querer entender porqué pasan las cosas. Este artículo no pretende incentivar la práctica del suicidio, ni mucho menos. Es por el contrario, una reivindicación de la libertad de resolución. Entiendo y acepto el dolor del que pierde a un ser querido, al mismo tiempo que critico al que condena este método por el sólo hecho de lo generalmente aceptado. Después de todo, si imaginamos a la vida como un largo viaje, no suena ilógico pensar que alguno prefiera bajarse del tren antes de llegar a destino.

3/2/11

Ídolos descartables

Niño Torres pasó de Liverpool a Chelsea por una suma aproximada de 58 millones de euros. En la capital beatle la noticia de ver partir a su ídolo no fue recibida de la mejor manera: un grupo de hinchas se acercó a Melwood (campo de entrenamiento del conjunto inglés) y prendió fuego una camiseta con el número 9 del español. La dosis extra de morbo llegará el próximo fin de semana, cuando Fernando Torres debute en su nuevo club enfrentando a su ex equipo. El fútbol es desde hace largo tiempo un negocio majestuoso, sin embargo los fanáticos se rehúsan una y otra vez a aceptar la derrota: a nadie le importa lo que ellos quieren.

Hace algunos años Juan Sebastián Verón hizo realidad su viejo deseo de regresar al club del que es hincha, y de hacerlo todavía en plenitud, con el objetivo de contribuir en el crecimiento de la institución. Como se suele escuchar por ahí, la Brujita será el presidente de Estudiantes algún día. O quizás no. Poco importa en este momento. El hecho relevante, es que los hinchas del equipo platense deberían considerarse privilegiados por ver como se mantiene inmaculada la imagen de su ídolo. Es casi como si nos dieran la posibilidad de seguir creyendo en Papá Noel durante toda la vida.

Lo que viven hoy los hinchas del Liverpool es lo que podríamos considerar actualmente como normal. Los futbolistas son una de las partes que conforman la gran maquinaria que mantiene en movimiento al negocio. Y ante las descomunales cantidades de dinero que se invierten en la compra y venta de jugadores, es difícil (y hasta ridículo) pedirles que tengan en cuenta el sentimiento de los fanáticos.

Traición: Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener.

Está más que claro que un jugador de fútbol no debe tener lealtad para con sus antiguos clubes, o los aficionados de los mismos. Después de todo, lo suyo pasa por ser partícipe de un juego. Si se tratase de un deporte amateur podrían ser aceptadas – más no sea tácitamente – ciertas reglas morales que tengan que ver más que todo con determinado nivel de caballerosidad. Pero cuando hablamos de fútbol, estamos hablando de un deporte profesional. Por tal razón, quienes se desempañan como futbolistas, lo hacen percibiendo un sueldo por desarrollar su tarea, lo que dicho de otra manera sería: trabajan de. Me tomo el atrevimiento de aclarar semejante obviedad, porque los hechos me demuestran que no todos lo tienen tan claro como parece. Ante negociaciones como la que menciono en el inicio de este artículo, la respuesta de los fanáticos suele ser desmedida. En el caso de Torres hubo quema de camiseta.

En el fútbol nuestro también se dan ejemplos al respecto, el más reciente me toca de cerca: Walter Erviti pasó a Boca en una de las transferencias más rutilantes del verano argentino. Los hinchas de San Lorenzo no se bancaron el desplante. Apenas se conoció la noticia, una de las palabras más escuchadas (sobretodo por el barrio de Boedo) fue la de “traidor”. Sí, para el fanático de un equipo que un jugador querido y considerado ídolo elija jugar en uno de los rivales de turno, es considerado lisa y llanamente: traición. No importan las razones ni que estemos hablando de profesionales. El sentimiento que existe por la camiseta no entiende de contratos y negociados.

Ariel Ortega fue cedido recientemente a All Boys porque no tenía lugar en River. La determinación no pasó por lo futbolístico, sino por una cuestión personal y de salud. Los hinchas riverplatenses respondieron inmediatamente respaldando a su jugador insignia. Guillermo Barros Schelotto volvió al club que lo vio nacer, Gimnasia y Esgrima La Plata, con la decisión de no cobrar un sueldo y con la premisa de sumar su granito de arena a la lucha por no descender de categoría. Los fanáticos del Lobo se lo agradecieron multitudinariamente en cada partido jugado durante la pretemporada.

El hincha tiene un código de valores muy particular. Es capaz de entregarse por completo ante un gesto de amor por su equipo. Pero no entiende de razones cuando se siente traicionado y es, prácticamente, incapaz de perdonar. Es parte de lo que entendemos por pasión, sentimiento que más de una vez me propuse analizar en este espacio. Lo que queda claro es que actitudes como las de Verón o Barros Schelotto son la excepción que confirma la regla. El mundo del fútbol ha hecho todo lo posible para que los futbolistas se transformen en una moneda de cambio, en una mercancía. Visto desde la teoría marxista, la plusvalía que genera un jugador al destacarse con la camiseta de su club – por lo que los hinchas desarrollan un cariño en relación a lo que éste les da en exceso – es apropiada por los dueños del negocio y utilizada para aumentar el ingreso monetario. Podríamos concluir entonces, que en este fútbol capitalista, los ídolos no se venden por docena.

18/1/11

Yo jugué el Abierto de Australia

Me desperté 5:30 AM, tenía sed y calor. Había dormido algo más de cuatro horas. Me levanté, fui hasta la cocina y tomé un vaso de agua. Prendí el ventilador y me volví a acostar, pero ya no pude volver a conciliar el sueño.

Empatía: Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.

Prendí el televisor y la imagen en la pantalla me transportó instantáneamente a Melbourne. Mientras Chela luchaba contra el talento del francés Llodra e igualaba el partido en un set por lado en la Cancha N°2, Clijsters dejaba en ridículo a Safina en la Central y, en apenas 44 minutos, la borraba del cuadro con un doble 6-0. Ese resultado nos obligó a apurar la entrada en calor.

Vamos a poner en contexto de que se trataba el partido. La historia se remonta a Vancouver, Canadá, en el año 1997. Se jugaba la Copa Davis Junior y el equipo argentino (integrado por Nalbandian, Coria y Massa) se encontró con una inesperada derrota inicial frente a Venezuela que lo relegó a pelear en ronda de perdedores, entre el noveno y decimosexto lugar. De regreso en el hotel, y con la bronca lógica post caída, comenzaron a sentir “gritos extraños desde el balcón de enfrente”, según recuerda Gustavo Luza, capitán del equipo. “Sin ninguna razón, vemos que Hewitt sale con un cartel hecho en el momento, que decía: Argentina 9/16”, cuenta Massa. “Miré a David sin poder creer lo que pasaba. Y él me dijo: yo lo mato”, agrega Yayo. El tiempo pasó y el odio entre argentinos y Lleyton sumó más capítulos a la historia: Chela escupió cerca en un cruce, cansado de que festejara sus errores; David casi se agarra a trompadas y Coria se tomó los genitales, insultándolo.

Minutos después de las 6 de la mañana argentina, se puso en marcha el encuentro más atractivo en la previa, de la primera ronda de Australia. Y el partido arrancó complicado en el estadio Rod Laver: primer set para Hewitt que logró quebrar una vez y quedarse con el parcial por 6-3. En el segundo set Nalbandian salió a jugar con más agresividad y emparejó el trámite con un 6-4 a favor. A miles de kilómetros de distancia y con 14 horas de diferencia en el reloj, yo decidí levantarme de la cama (adonde vi los primeros dos sets) y puse el agua para el mate.

Mientras tanto David intentaba aprovechar el envión anímico y luego de un quiebre tempranero, sacaba ventaja de 2-0 en el tercer parcial. Sin embargo Lleyton tenía otros planes para el set: luego de recuperar rápidamente el quiebre, ganó cinco games en fila para ponerse 5-2 arriba y se quedó con la manga por 6-3. El peor momento del cordobés en el partido. Mentalmente perdido, llegó a sacar 1-3 y 0-40 en el quinto game del cuarto parcial, pero se levantó a tiempo y se volvió a meter en el partido logrando una ventaja de 5-3. Sacando para forzar un quinto set no pudo sostener el servicio y fue necesario llegar hasta el tie-break: 7-1 para Nalbandian y otra vez sets iguales. Partidazo en Melbourne Park. Desde Buenos Aires yo lo vivía en el borde de la silla.

La última manga fue a puro drama: sacando 5-6 abajo, el argentino salvó dos match points, mantuvo el saque y logró empardar en seis. A continuación, ambos sostuvieron su servicio para quedar 7-7 (no hay desempate en el quinto set). El decimoquinto juego del último parcial, con Lleyton sacando, fue todo de Nalbandian que con un passing shot de revés a la carrera se puso 0-40. Hewitt cometió una doble falta carísima y le dio la chance al argentino de sacar para el partido. Doscientos ochenta y ocho minutos después de comenzado el encuentro, David tiró un globo fantástico de derecha y sentenció el pleito, ganando el set por 9-7. A 11.661 Km. de distancia yo me arrodillaba en el piso festejando eufórico la victoria y buscando descargar algo de la tensión acumulada.


Les puedo asegurar que viví (y sufrí) el partido a la par de Nalbandian. No podía haber sido diferente. La pasión que me generan eventos deportivos de esta magnitud me subyuga. Durante el tiempo que dura un encuentro, siento que yo también soy parte del mismo. Y me encanta que sea así. Ahora, no me pidan que lo disfrute. Los nervios que me genera vivir en tiempo real, ya sea un partido de fútbol o en este caso de tenis, hacen que sólo haya espacio para el placer una vez consumado el triunfo. Entiendo que no lo entiendan, y lo acepto. Pero no puedo, ni quiero, vivirlo de otra manera. Para mi el sufrimiento es también una forma de disfrutar, como he intentado graficar en algún artículo anterior. Una forma bastante particular, sin dudas, pero que no cambio por nada del mundo.

Con la victoria en el bolsillo, decidí salir a correr con la intención de liberar un poco de adrenalina. Antes del mediodía, y después de un par de vueltas al lago, estaba de vuelta en casa, listo para pegarme una ducha. Consumado el baño, me hice algo para comer y me tiré a dormir la siesta. Es imperioso descansar, no nos olvidemos que, en segunda ronda, vamos contra el lituano Berankis.

31/12/10

El corazón hecho pelota

“Quiero emborrachar mi corazón, para apagar un loco amor, que más que amor es un sufrir...” Enrique Cadícamo

El fútbol es un deporte desagradecido, porque muchas veces olvida y no reconoce los esfuerzos realizados. El fútbol es un deporte injusto, porque no distribuye las recompensas de forma equitativa. El fútbol es un deporte caprichoso, porque se nutre constantemente del azar para determinar vencedores y vencidos. El fútbol es un deporte contradictorio, ya que, a pesar de todas las razones negativas que he enumerado, es un juego maravilloso, capaz de mantener en vilo a millones de personas durante los noventa minutos que dura un partido.

Llegamos a fin de año y es normal realizar un balance. He escuchando a muchos decir que este 2010 que se termina no ha sido un buen año. En lo personal no puedo decir lo mismo, para mí este final de década será sencillamente inolvidable. Para aquellos que acostumbran leer los artículos de este blog, la razón fundamental es fácilmente deducible: mi viaje a Sudáfrica. Mi primera vez en el continente negro fue con premio doble, no sólo cumplí el sueño de conocer la tierra del enorme Nelson Mandela, sino que lo hice durante el Mundial de Fútbol. Desde ya que la fecha del viaje no fue azarosa y la razón fundacional fue ir a ver a la Selección Argentina. Pisé por primera vez Johannesburgo el lunes 14 de Junio y el sueño se hizo realidad pocos días después, el jueves 17, cuando Argentina enfrentó a Corea del Sur por la segunda fecha de la fase de grupos. A partir de ahí comenzó un período de ensueño que nos vio festejando dos veces en el Soccer City (versus Corea del Sur y México, este último por los Octavos de final) y otra más en la pequeña ciudad de Polokwane (el rival de turno fue Grecia), el día anterior a cumplir mis 28 años. Después de dejar en el camino a los aztecas y de lograr el pase a los Cuartos de final, el grupo de argentinos del que fui parte se movilizó hasta la mágica Cape Town, a la espera del encuentro con Alemania. Para mí el Mundial duró veinte inolvidables días en tierra sudafricana y dejó una huella imborrable.

Nostalgia: Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

El fútbol es un deporte que se juega con el corazón, adentro y afuera del campo de juego. Eso significa que uno siente muy intensamente y lo hace, tanto cuando se gana como cuando se pierde. Ya he hablado en algún artículo anterior sobre el dolor desgarrador que nos dejó la eliminación del Mundial. Si entendemos por nostalgia a la tristeza que se origina en un recuerdo que fue muy grato, lo que siento yo en estos últimos días del año tiene mucho que ver con ese tipo de sensaciones. A medida que pasan los meses y Sudáfrica 2010 se va alejando en el tiempo, repaso los grandes momentos vividos con una enorme alegría, pero sabiendo que el sabor de boca que queda tiene siempre un gusto agridulce. Y es en este punto en el que quiero hacer hincapié. He intentando compartir con amigos y familiares este sentimiento que me envuelve en el presente y he descubierto que me cuesta mucho ponerle palabras para explicar lo que me pasa, sobre todo cuando el interlocutor de turno es ajeno a mi manera de sentir el fútbol.

Siempre se dice, y con razón, que para los argentinos es muy diferente la forma en que nos sentimos hinchas de nuestro club en relación a cómo somos cuando nos ponemos la celeste y blanca. Es cierto que el nivel de pertenencia que uno puede lograr con su equipo, difícilmente pueda igualarlo con respecto al seleccionado. A mi me pasa, de hecho. Pero al mismo tiempo, es realmente indescriptible lo que sentimos los hinchas cuando lo que se pone en juego es la Copa del Mundo. El fanático de fútbol ha diseñado un calendario diferente, el cual está dividido en períodos de cuatro años de duración. Y cuando llega ese mes en que se juega el Mundial, los corazones de millones y millones de argentinos se detienen virtualmente y se sustraen a lo que está sucediendo en el país sede de turno.

Este 2010 será inolvidable para mí porque he cumplido el sueño de ver un Mundial en vivo y en directo, he dicho presente en la tribuna mientras jugaba Argentina y he vivido una experiencia que me cambió la vida para siempre. Puedo decir, sin miedo a ruborizarme, que para un futbolero como yo vivir un Mundial es lo máximo. No me canso de ver los videos con los festejos post partido con miles de argentinos cantando y saltando en estadios semivacíos que soportan en sus estructuras de cemento la fuerza incontenible de la pasión. Sentado sólo en mi habitación me río, canto de nuevo las canciones y termino siempre emocionado, llorando por lo que pudo haber sido y no fue. Y es ahí, en el preciso instante en que la nostalgia golpea a la puerta, cuando logro descifrar de qué se trata todo esto. Es en ese momento en que veo las camisetas albicelestes agitándose producto del festejo desatado, cuando hago un viaje mental en tiempo y espacio y me traslado virtualmente a Brasil (al próximo Mundial), adonde me imagino saltando, gritando y festejando otra vez.

Tengo muy en claro que haré todo lo que esté a mi alcance para volver a decir presente en cada país en que la Argentina vaya en busca del gran sueño. Hoy puedo decir que entiendo a quienes me decían que iban al Mundial a buscar lo que les habían quitado tiempo atrás, más precisamente en Alemania. Hoy soy parte de ese grupo de perseguidores de sueños – que en realidad es uno solo – que dirá presente en Brasil, en Rusia, en Qatar y en donde toque jugar. Tengo guardado en mi valija un cúmulo de ilusiones, que hoy tienen forma de nostalgia y que, una vez más, me hacen sentir infinitamente vivo. Haber estado en Sudáfrica fue maravilloso, pero me ha abierto una herida cuyo antídoto sólo se fabrica cada cuatro años.