31/5/12

Viggo, el Kun y los milagros

¿Qué hace que una multitud que observa con atención y nerviosismo como veintidós tipos corren atrás de una pelota, repentinamente se encienda y comience a cantar (gritar) a coro y como si en eso se les fuera la vida?¿Qué es lo que produce que una persona desde el escalón de cemento de una tribuna – y por el sólo hecho de saltar en el lugar –, se sienta repentinamente capaz de lograr que esos jugadores que visten la camiseta del club de sus amores corran más rápido, salten más alto o pateen más fuerte? ¿Por qué una pelota que se estrella contra el fondo de una red es capaz de producir lágrimas de emoción cayendo por las mejillas del hincha que festeja el gol? ¿Adónde se origina tanta angustia?

Hace un par de domingos me desperté después del mediodía y, todavía desde la cama, escuché el grito de gol del relator que salía por los parlantes del televisor. Creo que no existe un despertador más efectivo: me levanto y camino hasta el living casi como si fuese un acto reflejo. No necesito saber ni quién juega ni por qué liga. Escucho la letra "o" multiplicarse en el tiempo y rápidamente voy en busca de las imágenes. –Gol del City –me dice mi viejo que mira el partido parado, adelante del sillón. –¿Cómo van? – retruco mientras hago un esfuerzo por despertarme del todo. –2 a 2. Ya termina. El United ya ganó. –Con apenas un puñado de palabras me describe cuál es la situación. Manchester City está a punto de dejar escapar la posibilidad de ser campeón después de cuarenta y cuatro años, en su cancha y jugando contra un equipo que lucha por no descender. Se juega la última fecha y está obligado a ganar. Miro el relojito en una esquina de la pantalla que indica “+5”, es decir, se va a jugar hasta el minuto 50. Van 46. El relator dice que “sólo un milagro” podría darle el título a los de celeste. Minuto 47 y 20 segundos: Agüero mete un pique corto entrando al área grande, amaga ante la estirada del defensor y saca el latigazo seco al primer palo. Milagro. En la ciudad de Manchester los fanáticos del City enloquecen. Simultáneamente, acá en Buenos Aires, mi viejo y yo largamos un grito corto y espontáneo: ¡Gol!


Aquel domingo deseé por un momento haberme criado en algún rincón Manchester y ser hincha del City, para poder gritar – como gritaron ellos – el histórico gol del Kun. Un poco más acá en el tiempo sin embargo, también domingo pero por la tarde, son los otros los que anhelan estar mis zapatos. Mientras camino sonriente por las calles del Bajo Flores yendo a tomar el colectivo, meto la mano en el bolsillo del jean, saco el celular y leo: “Me puse muy contento por vos con esta locura que acaba de pasar. Te quiero amigo.” Sin dejar de caminar, mis dedos aprietan las pequeñas teclas del teléfono y en la pantalla se va escribiendo un mensaje de agradecimiento. Hace alrededor de media hora, yo era uno más de los miles de cuervos que gritaban y se abrazaban en las tribunas del Nuevo Gasómetro. San Lorenzo lograba dar vuelta el resultado y se ponía 3-2 arriba en el marcador faltando apenas dos minutos para que finalice el partido. Sí, otra vez milagro. Aunque ese gol no valió un título ni mucho menos. Apenas si nos sirvió para zafar del descenso directo, más no sea hasta el próximo partido. Alcanza y sobra. El pitazo final desata el festejo loco y también las lágrimas.

Liam Gallagher – ex Oasis – levanta los brazos en lo alto del Etihad Stadium festejando el gol agónico que significó un campeonato. Viggo Mortensen – ex Señor de los Anillos – grita ¡Pipi, Pipi, Pipi!” en el aeropuerto de Washington celebrando el tanto que concretó la remontada azulgrana. La pasión por el fútbol unifica. Yo no se cómo será la vida de un fanático del waterpolo o de qué hablará con sus amigos un loco del hockey sobre patines. Desconozco sinceramente si existen estos personajes, probablemente si. Tengo la suerte de no tener que preocuparme por ese tipo de cuestiones. Yo se que si el sábado al mediodía me levanto puteando porque la lluvia hizo que se suspenda el partido de la tarde, tengo el consuelo de prender el televisor y elegir entre mirar Aldosivi-Central o Queens Park Rangers-Chelsea.

Solemos hacer particular hincapié en resaltar fechas y momentos, sin embargo, vivir es todo aquello que hacemos cotidianamente, sea trascendente o (valga la redundancia) cotidiano. Y nuestra cotidianeidad está envuelta en todo tipo de sentimientos. Algunos de nosotros (me incluyo) le damos al deporte un alto grado de relevancia. Al hacerlo, todo lo que tenga que ver con ello podrá verse afectado por las diferentes variedades del sentimiento. Fernando Pacini hace referencia a lo esencial del sentimiento de pertenencia, porque este: “Pone al amor por el juego y por el club por encima de todo lo que se le ha añadido al fútbol en el camino de la adaptación a los tiempos.” De ahí que el resultado de un partido (un gol) pueda representar la diferencia entre la alegría y la angustia. Amor en italiano se dice amore y fútbol se dice calcio. La pasión trasciende idiomas y fronteras. Dice Ariel Scher: “Al fútbol se juega para transformar en ciertas a las esperanzas, para emprender aventuras que van de casi nada a casi todo, para pegar un grito cuando el universo parece condenado al silencio.” Porque los milagros existen, sino me creen vayan a preguntarles a Liam y Viggo.

9 comentarios:

  1. Cada día la vida se le parece más. Felicitaciones

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  2. Gran descripción de la veta sentimental del sentir del hincha de futbol..

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  3. Ale de Bariloche2/6/12 1:38

    Para un verdadero hincha, los MILAGROS EXISTEN!!!!!!!!!!, excelente artículo

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  4. Por qué una pelota que se estrella contra el fondo de una red es capaz de producir lágrimas de emoción cayendo por las mejillas del hincha que festeja el gol? ¿Adónde se origina tanta angustia?
    Todas las respuestas dadas hasta hoy, no han podido cerrar tamañas dudas.
    Será esa la razón por la que el FÚTBOL, es el deporte más hermoso del mundo?.

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  5. Explicar un milagro, es imposible. Entender la angustia y/o la felicidad de un hincha, es aún más imposible. MB el artículo.

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  6. Juan Manuel8/6/12 0:08

    Excelente aproximación a un sentimiento inexplicable.
    Sí todas exteriorizaciones de un HINCHA, fueran estas y no otras, la violencia no sería la abonada atenta a cada espectáculo.

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  7. Ale cuerva18/6/12 22:05

    esta claro, pero nada explicado, eso tan hermoso que sentimos los que amamos a un club de fútbol más que a nada en la vida... es tan lindo saber que, a pesar de que muchos no entiendan, siempre hay muchos otros locos que sienten esto mismo que yo.

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  8. Gracias, leerlo me ayuda a pensar que el próximo domingo puede ocurrir otro "Milagro". Vamos ciclón, Nunca me voy a separar de vos porque te quiero...

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  9. Juan MartÍn, del barrio de BOEDO20/6/12 15:39

    Felicitaciones cuervo enfermo como yo, pero que lo podés expresar como un crá. Excelente artículo.

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